The Great Gatsby (1925) cumple todo lo que promete. Incluso le cumplió a su autor post-mortem, a pesar de que pensaba que su obra iba directo al olvido.
por Nicole Inostroza

Siempre leemos cosas nuevas. La novedad se relaciona con la ruptura. Estimulados por la excesiva velocidad con que avanza el mundo, recogemos solo extractos de textos, enunciados y frases que remiten a nuestra actualidad más viva. Suena en nuestra cabeza una serie de lugares comunes que se escriben en letras gigantes día a día tanto en la calle como en la prensa. Significantes que se tornan vacíos. Más que significantes, promesas ilusas. Nos ocupamos de estar alerta a lo nuevo, pero abarcarlo todo es imposible. Quizás consumir nuevos medios durante todo el día nos transforme en esquizofrénicos obesos. ¿Por qué no retornar a aquellas novelas que fundaron el estilo, lejos del desorden de la vida moderna?
The Great Gatsby (1925) cumple todo lo que promete. Incluso le cumplió a su autor post-mortem, a pesar de que pensaba que su obra iba directo al olvido. F. Scott Fitzgerald (1896 - 1940) estaba seguro del fracaso. Y hoy, a 88 años de la publicación de la novela, disfrutamos de una nueva gran producción hollywoodense. El film cuenta con la actuación de grandes actores, lujosos escenarios y una serie de trajes diseñados especialmente para la película (evento que incluso incitó a Brooks Brothers a sacar una serie completa de atuendos masculinos inspirados en la novela del norteamericano). Fitzgerald vuelve donde comenzó. En las suntuosas fiestas que organiza Jay Gatsby, el excéntrico protagonista millonario de la novela, se lucen rostros pertenecientes a todo el ámbito de la fama de los años veinte. Resaltan actrices ficticias que, como si fueran la mismísima Myrna Loy o Joan Crawford, atraen la atención de los asistentes al festín.
La película en cartelera es exuberante. Tiene el mismo efecto fastuoso de Romeo + Juliet (1996) y de Moulin Rouge (2001) y gracias a la intervención del guionista Craig Pearce, encargado de las tres producciones. Es importante recalcar que esta es la cuarta adaptación al cine que se hace de la novela de Fitzgerald. La anterior, de 1974, contó con el guión de Francis Ford Coppola, y las actuaciones de la gran Mia Farrow y Robert Redford. Es más, la primera adaptación se estrenó solo un año después de la publicación de la novela. Hoy esta versión está perdida, así que estrictamente sólo tenemos tres adaptaciones.
Por su parte, la novela es inquietante. Uno como lector se pregunta en qué momento el autor creyó que su proyecto había fracasado, cuando lo que se lee a lo largo de toda la narración es una muestra de la fiebre misma de lo que tenemos en la memoria colectiva como los años veinte. El lujo, la pretensión y la decadencia disfrazada frente a una soleada bahía del Atlántico. Charlas en las que las mujeres son el centro de atención, no por su inteligencia sino por su gracia. Y el narrador que se deja llevar por la acción de los demás personajes, la personificación del mismo Fitzgerald. El proceso de escritura llevó al autor a asistir a reuniones exclusivas del mismo tipo que se hallan en la novela, para así captar la esencia de la vida y bohemia del momento.
Es positivo, me parece, que la novela sea lectura escolar en su país natal. A pesar de la increíble pluma de Fitzgerald, que fluye más rápido y ligera que la de E. Hemingway, la novela cimentó buena parte de las formas culturales del siglo pasado. Nos remite a un pasado idílico que no somos capaces de recuperar de ninguna otra forma. Ojalá el sueño de Woody Allen, experimentado en Midnight in Paris (2011) por Owen Wilson, nos ocurriera a todos más seguido. Las calles de París impregnadas en la noche por estos genios de la literatura que perfeccionaron la escritura hacia sus extremos. La aspiración queda latente aun cuando se detiene la lectura del texto y te das cuenta que las calles están mucho más transitadas que antes. Y el brillo es la luz de una pantalla.



El IV Coloquio Ensayo y Error de la Facultad de Letras UC se realizará en agosto. Es organizado por el Centro de Estudiantes y la DIrección de Extensión de la facultad. Se invita a participar a estudiantes de pregrado de universidades chilenas o extranjeras, que cursen letras, literatura, lingüística, o disciplinas afines. Para esto se encuentra abierta la convocatoria hasta el 9 de junio, plazo máximo para el envío de trabajos al email
Las VII Jornadas Cervantinas se desarrollarán los días 28 y 29 de agosto en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. El propósito de las presentes jornadas es analizar el estado actual y las proyecciones de los estudios literarios cervantinos; y también propiciar un debate al que están invitados estudiantes de pre y posgrado, y docentes.
El escritor participará en la Cátedra Abierta en homenaje a Roberto Bolaño, con la conferencia “Federico García Lorca y Rubén Darío, con Neruda al lado”. Será presentado por el historiador Joaquín Fermandois.
La conferencia será dictada por el musicólogo Alejandro L. Madrid, académico de la Universidad de Illinois y profesor visitante del Postgrado en Artes UC.
El encuentro literario es organizado por el Departamento de Literatura de
La jornada es organizada por el Área de Memoria del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos (CECLA). Se abordarán los siguientes temas:
En el coloquio participarán Yolanda Vásquez, representante del teatro El Globo de Londres; la soprano Magdalena Amenábar; y las expertas en letras Carola Oyarzún, Paula Baldwin Lind y Francisca Folch.
No hace mucho visité la recientemente inaugurada 



